Gracias por hacerme sentir tanto. Gracias por entrar en mi mundo. Gracias por existir.
sábado, 7 de febrero de 2009
Gracias
Cruzando mis manos entre las tuyas siento que nunca estoy ni estaré sola; cruzando nuestras miradas he sentido que todo está perfecto, que el mundo es perfecto y solo de los dos. Y en un abrazo me has dicho que siempre habrá una solución para todo, y tomando mi mano me has hecho levantar una y otra vez cuando algo anda mal o cuando sola intento hundirme... Mirándote, mirando a tus ojos la oscuridad desaparece y mi mundo se vuelve mucho más feliz. Y así estoy ahora... eternamente feliz porque te siento tan cerca, tan dentro de mi corazón y eso siempre me reconforta.
Gracias por hacerme sentir tanto. Gracias por entrar en mi mundo. Gracias por existir.
Gracias por hacerme sentir tanto. Gracias por entrar en mi mundo. Gracias por existir.
lunes, 2 de febrero de 2009
Música
Nunca había pensado lo mucho que me transporta. Quizás en toda mi vida nunca le dediqué tiempo, tal vez porque si la música es arte, para hacerla verdaderamente una expresión de sentimientos no sólo se requiere un talento especial, sino que -y en mucha mayor medida- una "inspiración", algún motivo que active ese talento innato. Los clásicos las llamaban "musas", que es precisamente el origen de la palabra "música". No es que sepa mucho de música, más bien me declaro casi una ignorante al respecto pero, imagino que ese talento para transmitirse a los demás en todo su potencial, requiere de algo, que puede tener el más diverso origen, pero que repercute en tu interior y crea una idea que deseas expresar, o hace nacer el sentimiento que da origen a la verdadera "música", aquella que se construye a partir de sentimientos y emociones... y entonces la música fluirá sola desde tu voz o tus manos.. y bañará tus oídos con un agradable perfume de notas armónicas que nacen del corazón.
Por ahora quizás no tenga el talento, pero definitivamente hay música que me transporta, me trae recuerdos, imágenes agradables que me gustaría revivir una y otra vez, me recuerdan a ti. Y entonces recurro a las palabras, que son mi único y último recurso.
Sólo tú eres mi muso y mi música más perfecta =)
Por ahora quizás no tenga el talento, pero definitivamente hay música que me transporta, me trae recuerdos, imágenes agradables que me gustaría revivir una y otra vez, me recuerdan a ti. Y entonces recurro a las palabras, que son mi único y último recurso.
Sólo tú eres mi muso y mi música más perfecta =)
sábado, 31 de enero de 2009
De pasos nuevos
Hay gente en la que usualmente no acostumbramos a confiar. Y es que aunque los lazos sean de los más cercanos, quizás nunca hayamos sentido la necesidad de acercarnos a esas personas. Quizás encontramos consuelo en otras, o simplemente las circunstancias no se han dado -quizás, como en mi caso, a lo largo de toda la vida-, como para que la relación sea mucho más profunda que mil sonrisas repartidas a lo largo de veinte años de coexistencia.
Porque a pesar de decir siempre que lo quiero mucho, de haber sido él siempre el hombre a quien más extrañaba en sus innumerables viajes, me perturba la idea de estar ahora todo el tiempo juntos, sentados a menos de cinco metros, y mirarlo... y sentir que para ese hombre alto, moreno y de inconfundible bigote no soy más que una desconocida. Una persona que frente a él tiene un millón de caretas de cristal que se han forjado con el tiempo. Y no sé por qué me cuesta tanto derribar esas caretas...
Por ahora solo diré que lo estoy intentando, sé que costará unos cuantos intentos más abrirle mi corazón, pero desde que aquella noche de angustia lo sentí más cercano que nunca con ese abrazo, no quiero perderme nunca más la oportunidad de tenerlo cerca. y decirle lo mucho que lo quiero y lo mucho que me he visto siempre reflejada en él.
Creo que esto es parte de una nueva etapa de mi vida, de la felicidad plena que tato anhelo. Creo que es uno de los nuevos pasos que empezaré a dar a partir de hoy...
Porque a pesar de decir siempre que lo quiero mucho, de haber sido él siempre el hombre a quien más extrañaba en sus innumerables viajes, me perturba la idea de estar ahora todo el tiempo juntos, sentados a menos de cinco metros, y mirarlo... y sentir que para ese hombre alto, moreno y de inconfundible bigote no soy más que una desconocida. Una persona que frente a él tiene un millón de caretas de cristal que se han forjado con el tiempo. Y no sé por qué me cuesta tanto derribar esas caretas...
Por ahora solo diré que lo estoy intentando, sé que costará unos cuantos intentos más abrirle mi corazón, pero desde que aquella noche de angustia lo sentí más cercano que nunca con ese abrazo, no quiero perderme nunca más la oportunidad de tenerlo cerca. y decirle lo mucho que lo quiero y lo mucho que me he visto siempre reflejada en él.
Creo que esto es parte de una nueva etapa de mi vida, de la felicidad plena que tato anhelo. Creo que es uno de los nuevos pasos que empezaré a dar a partir de hoy...
viernes, 23 de enero de 2009
Amores extraños
Uuuuhh no puedo dejar de poner esta canción, porque ha dado vueltas y vueltas en mi cabeza y sobre todo en mi corazón desde hace algún tiempo. Es preciosa, y aunque la letra es triste, hay ciertos pasajes que son inolvidables, o no?
Amores extraños (Laura Pausini)
Ya sabía que no llegaría,
ya sabía que era una mentira,
cuanto tiempo que por él perdí,
que promesa rota sin cumplir.
Son amores problemáticos,
como tú, como yo.
Es la espera en un teléfono,
la aventura de lo ilógico,
la locura de lo mágico,
un veneno sin antídoto,
la amargura de lo efímero,
porque él se marchó.
Amores, tan extraños que te hacen cínica,
te hacen sonreir entre lágrimas.
Cuántas páginas hipotéticas,
para no escribir las auténticas.
Son amores que sólo a nuestra edad
se confunden en nuestros espíritus,
te interrogan y nunca te dejan ver,
si serán amor o placer.
Y cuantas noches lloraré por él,
cuantas veces volveré a leer
aquellas cartas que yo recibía
cuando mis penas eran alegrías.
Son amores esporádicos,
pero en tí quedarán.
Amores, tan extraños que vienen y se van,
que en tu corazón sobrevivirán,
son historias que siempre contarás
sin saber si son de verdad.
Son amores frágiles,
prisioneros, cómplices,
son amores problemáticos,
como tú, como yo.
Son amores frágiles,
prisioneros, cómplices,
tan extraños que viven negándose
escondiéndose de los dos.
(coro) Son amores que sólo a nuestra edad
se confunden en nuestro espíritu,
son amores tan problemáticos
que se esconderán de los dos.
Son amores que vienen y se van,
son historias que siempre contarás
Ya sabía que no llegaría,
esta vez me lo prometeré,
Tengo ganas de un amor sincero, ya sin él.
Nada que agregar. Tan solo que te quiero muchísimo. Gracias por esos momentos inolvidables... que sin duda quedarán para siempre en mi corazón, tal como las páginas auténticas sobre las que esta vez se escribe mi vida: nuestra vida juntos.
Amores extraños (Laura Pausini)
Ya sabía que no llegaría,
ya sabía que era una mentira,
cuanto tiempo que por él perdí,
que promesa rota sin cumplir.
Son amores problemáticos,
como tú, como yo.
Es la espera en un teléfono,
la aventura de lo ilógico,
la locura de lo mágico,
un veneno sin antídoto,
la amargura de lo efímero,
porque él se marchó.
Amores, tan extraños que te hacen cínica,
te hacen sonreir entre lágrimas.
Cuántas páginas hipotéticas,
para no escribir las auténticas.
Son amores que sólo a nuestra edad
se confunden en nuestros espíritus,
te interrogan y nunca te dejan ver,
si serán amor o placer.
Y cuantas noches lloraré por él,
cuantas veces volveré a leer
aquellas cartas que yo recibía
cuando mis penas eran alegrías.
Son amores esporádicos,
pero en tí quedarán.
Amores, tan extraños que vienen y se van,
que en tu corazón sobrevivirán,
son historias que siempre contarás
sin saber si son de verdad.
Son amores frágiles,
prisioneros, cómplices,
son amores problemáticos,
como tú, como yo.
Son amores frágiles,
prisioneros, cómplices,
tan extraños que viven negándose
escondiéndose de los dos.
(coro) Son amores que sólo a nuestra edad
se confunden en nuestro espíritu,
son amores tan problemáticos
que se esconderán de los dos.
Son amores que vienen y se van,
son historias que siempre contarás
Ya sabía que no llegaría,
esta vez me lo prometeré,
Tengo ganas de un amor sincero, ya sin él.
Nada que agregar. Tan solo que te quiero muchísimo. Gracias por esos momentos inolvidables... que sin duda quedarán para siempre en mi corazón, tal como las páginas auténticas sobre las que esta vez se escribe mi vida: nuestra vida juntos.
jueves, 15 de enero de 2009
4 ever
A las ocho los pensamientos divagaban entre sus propias preocupaciones, a kilómetros de distancia y sin tener por dónde conectarse... aparentemente. Pero fue solo el hilo de una conversación que -medio en serio y medio en tono de broma intentaba amenizar aquella fría tarde de lluvia- lo que bastó para que ambas mentes se fundieran en una sola idea, que hace ya tiempo venía inquietándolos y frente a la cual ninguno encontraba explicaciones. Y así, mientras los minutos transcurrían de forma silenciosa, cada uno de ellos le daba vueltas y vueltas en secreto a aquella pregunta de hace un rato, que no venía al caso sin duda, pero que no dejaba de sonar como una inquietante, amenazante, provocadora, intensa e incluso tentadora propuesta.
A las nueve todo era diferente: había dejado de llover y tras la neblina, aparecía el sol, que por lo demás acompañaba perfectamente la escena. Porque habían desaparecido también los kilómetros, dejando en su lugar espacios de silencio e incertidumbre entre esas dos mentes cuyos cuerpos no estaban a más de treinta centímetros de distancia. Había una pregunta pendiente, que ya no merecía ser tomada como una simple broma, sino que se revestía de toda seriedad, transformándose incluso en afirmación. Es más, parecía una promesa, un desafío a todo lo que ellos en ese momento habrían creído como "el destino". Y a pesar de las miradas cruzadas en busca de respuestas, los esfuerzos eran inútiles porque cada vez solo hacían que creciera la confusión. Pero a pesar de eso las sonrisas nunca se borraban. Era como si se reencontrasen, como sis e descubriesen por primera vez aquellos que siempre habían sido cómplices.
A las diez crecieron flores en la playa, al compás de bellas letras y melodías. La pregunta había encontrado por fin su respuesta, pero apenas comenzaban a vivirla. Aquellos tulipanes que ahora adornaban sus rostros encerraban entre sus pétalos el más dulce sabor de la alegría, y aguardaban con silenciosa paciencia el momento en que serían testigos, entre risas y lágrimas, de todo cuanto había podido pasar por sus inocentes mentes florales. Desde entonces, esos tulipanes nunca se marchitarían, y vivirían siendo testigos eternos de aquella historia que nació entre arena, mar y sol de playa.
A eso de las once ambos disfrutaban de la mano, de nuevo en la playa, pero esta vez perdidos para siempre entre la brisa marina y la arena que parecía ahora más cálida y más suave solo para ellos. Sentían que el mundo era solo para ellos mientras se miraban a los ojos y comprendían que aquella historia que habían vivido esas dos horas mágicas ya no tendría fin... porque veían que cada hora, a cada segundo dentro de cada minuto, la seguían construyendo, entre miles de detalles que habían nacido al calor de esos minutos.
Y a las doce, al fin, a las doce, sellaron sus destinos en uno solo frente al mar, frente a la playa que los había albergado toda aquella tarde... y los seguiría albergando quizás por cuanto tiempo más, en definitiva los albergaría para siempre, porque se había ganado un espacio enorme dentro de sus corazones, solo porque frente al mar lograron responder aquella pregunta que pareció ingenua.. pero que finalmente les cambió sus vidas en una sola y de una vez y para siempre.
Pero la hora sigue avanzando, el tiempo será eterno tal como la historia que comenzó a tejerse en un día como hoy, cubierto ya por algunas hojas de calendario pero presente siempre como la muestra más real y más sensible de una historia que no tendrá un final; como el principio de algo simplemente hermoso y especial... de una historia escrita por primera vez, en páginas auténticas...
y es casi la una; una página nueva de esta historia; otra hora más especial aún dentro del interminable reloj de la felicidad!! :)
(= !!!oirasrevina zilef =)
A las nueve todo era diferente: había dejado de llover y tras la neblina, aparecía el sol, que por lo demás acompañaba perfectamente la escena. Porque habían desaparecido también los kilómetros, dejando en su lugar espacios de silencio e incertidumbre entre esas dos mentes cuyos cuerpos no estaban a más de treinta centímetros de distancia. Había una pregunta pendiente, que ya no merecía ser tomada como una simple broma, sino que se revestía de toda seriedad, transformándose incluso en afirmación. Es más, parecía una promesa, un desafío a todo lo que ellos en ese momento habrían creído como "el destino". Y a pesar de las miradas cruzadas en busca de respuestas, los esfuerzos eran inútiles porque cada vez solo hacían que creciera la confusión. Pero a pesar de eso las sonrisas nunca se borraban. Era como si se reencontrasen, como sis e descubriesen por primera vez aquellos que siempre habían sido cómplices.
A las diez crecieron flores en la playa, al compás de bellas letras y melodías. La pregunta había encontrado por fin su respuesta, pero apenas comenzaban a vivirla. Aquellos tulipanes que ahora adornaban sus rostros encerraban entre sus pétalos el más dulce sabor de la alegría, y aguardaban con silenciosa paciencia el momento en que serían testigos, entre risas y lágrimas, de todo cuanto había podido pasar por sus inocentes mentes florales. Desde entonces, esos tulipanes nunca se marchitarían, y vivirían siendo testigos eternos de aquella historia que nació entre arena, mar y sol de playa.
A eso de las once ambos disfrutaban de la mano, de nuevo en la playa, pero esta vez perdidos para siempre entre la brisa marina y la arena que parecía ahora más cálida y más suave solo para ellos. Sentían que el mundo era solo para ellos mientras se miraban a los ojos y comprendían que aquella historia que habían vivido esas dos horas mágicas ya no tendría fin... porque veían que cada hora, a cada segundo dentro de cada minuto, la seguían construyendo, entre miles de detalles que habían nacido al calor de esos minutos.
Y a las doce, al fin, a las doce, sellaron sus destinos en uno solo frente al mar, frente a la playa que los había albergado toda aquella tarde... y los seguiría albergando quizás por cuanto tiempo más, en definitiva los albergaría para siempre, porque se había ganado un espacio enorme dentro de sus corazones, solo porque frente al mar lograron responder aquella pregunta que pareció ingenua.. pero que finalmente les cambió sus vidas en una sola y de una vez y para siempre.
Pero la hora sigue avanzando, el tiempo será eterno tal como la historia que comenzó a tejerse en un día como hoy, cubierto ya por algunas hojas de calendario pero presente siempre como la muestra más real y más sensible de una historia que no tendrá un final; como el principio de algo simplemente hermoso y especial... de una historia escrita por primera vez, en páginas auténticas...
y es casi la una; una página nueva de esta historia; otra hora más especial aún dentro del interminable reloj de la felicidad!! :)
(= !!!oirasrevina zilef =)
lunes, 12 de enero de 2009
Tres piedrecitas
Estando sentados en una pequeña plaza del hospital, se miraron fijamente, recordando tantos momentos que habían vivido juntos. Ella buscó sus ojos, él contemplaba el mar, mientras con su mente revivía las innumerables tardes de playa que tantos momentos especiales habían cobijado. Y aunque la última tarde de playa no había sido precisamente la mejor experiencia vivida, sabía que las arenas y el mar infinito que ahora estaban frente a sus ojos habían sido el mejor y más fiel testigo de todo su romance.
Y ella, de espaldas a la playa, en aquella banquita que -al igual que muchas otras- nunca se esperó encontrar, lo observaba con ternura y tranquilidad. Se sentía feliz de que él la acompañara en ese momento, al igual como lo venía haciendo hace tres días, desde aquella tarde de lunes en que la llevó a su casa. Aquella tarde ella se había sentido desesperada y triste, lo que era perfectamente atribuible a lo que había sucedido. Pero no sola. Nunca pudo sentirse sola porque nunca estuvo sola. Él la acompañó en todo momento porque sabía que para ella no resultaba nada fácil, corrió tras una camioneta solo para intentar solucionar el problema, habló por ella cuando el nerviosismo no la dejaba articular palabra alguna, caminó con ella intentando tranquilizarla y la llevó hasta su casa, donde poco a poco logró que ella se calmara por completo a pesar de la tristeza y el susto.
Pero ahora ella no estaba asustada... ni triste. Por el contrario, estaba feliz de estar junto a él, de haber compartido tanto con él, de haber hecho de cada momento juntos un recuerdo especial, como sin duda lo era aquella tarde en la placita del hospital.
De pronto él le dijo que cerrara los ojos, y ella, expectante, lo hizo. Él tomó sus manos y puso algo entre sus dedos. Ahí estaba: era una pequeña bolsita de terciopelo azul con tres piedras de color cristal, un hermoso regalo que para él encerraba todo el simbolismo que buscaba transmitir a la chica. Ella observó que en su mano, él tenía tres piedrecitas exactamente iguales a las suyas, y entonces se preguntó qué quería decirle él a través de ese particular regalo. Mirándola siempre a los ojos, el chico le dijo que cada piedrecita representaba un mes de todo lo que habían vivido hasta entonces. Y que como eran iguales las piedras que cada uno tenía, eso significaba que iban a estar por siempre juntos, viviendo cada vez más momentos como todos aquellos que habían vivido en esos tres hermosos meses. Y sorprendida por el detalle, pero a la vez feliz, ella lo abrazó tiernamente.
Y desde entonces que las tres piedrecitas que ahora cada uno guarda en sus mochilas son especiales, tienen el aroma de aquella tarde en la placita, y la textura de mil momentos de playa. Son especiales porque nunca las dejan, las llevan siempre y siempre las tienen en sus manos, solo porque les recuerdan lo mucho que se aman, y la promesa tácita y cómplice de amor eterno que hicieron al mirarse a los ojos aquella vez.
Tiempo después, aquella misma niña de la plaza se sentía inquieta, su corazón estaba inquieto porque sabía que algo no andaba bien. Él estaba triste y a kilómetros de distancia, ella podía sentirlo, como una clavada en su corazón. Y toda la noche tuvo en su mano las piedrecitas, en su mente aquel joven a quien tanto amaba, y en su corazón albergó con más calor aún ese sentimiento que crecía con el tiempo y se volvía cada vez más fuerte. Pensaba en él, miraba sus fotos y las piedrecitas en su mano siempre... aunque hubiese dado todo por verlo y abrazarlo en ese minuto, y pese a que él le había dicho que no, ella seguía empecinada en verlo al día siguiente.
Hasta que lo vio. Su mirada estaba perdida y aunque parecía concentrado, por sus ojos supo que su mente estaba en otra parte. Pero la sintió llegar. Ella se sintió un poco cohibida a su lado por unos segundos, pero en seguida se tranquilizó. Después que caminaron un rato conversando, logró desentrañar lo que tanto le preocupaba: la razón por la que él había sonado tan triste por teléfono la noche anterior. Y aunque entendía perfectamente la razón de su molestia, ella creía que su forma de actuar no era la correcta, por lo que intentó disuadirlo con todas sus fuerzas. Pero él estaba impertérrito, con la mirada perdida pero tan fija como la decisión que había tomado. Siempre había sido así, imperturbable en sus decisiones, aún arriesgándose a cometer errores, y aunque entendía perfectamente la posición de la chica que le suplicaba que recapacitara, él sabía que no podía seguir tolerando aquella situación. Parecía tan tranquilo, y eso era lo que más a ella le impedía tranquilizarse, porque temía que él se expusiera a peligros innecesarios, porque no quería que ocurriera nada con él... porque sabía que no resistiría perderlo. Jamás. Ambos lo sabían. Y fue entonces cuando, sintiendo las tres piedrecitas en su bolsillo, se echó a los brazos del chico desesperadamente, y rompió a llorar como quizás nunca antes lo había hecho. Y fue allí cuando lo supo: amor eterno, ya no les cabía ninguna duda a ambos.
Al fin él hizo algo que la tranquilizó y logró arrancarle algunas sonrisas. Decidió volver a su casa. Se despidieron prometiendo verse al día siguiente, y entonces ella, mientras él bajaba al andén del tren, respiró profundo y al fin con su corazón en paz. El chico al cual amaba, y que también la amaba con todo su corazón, estaba bien, y estaría con ella para siempre en carne y hueso, y con toda su alma. Al fin, mientras subía las escaleras, respiró y sonrió ya mucho más tranquila. Y en su bolsillo volvió a sentir las tres piedrecitas, y se marchó sonriendo.

...y mientras escribía su historia, no dejó de mirar y acariciar aquellas tres piedrecitas...
Y ella, de espaldas a la playa, en aquella banquita que -al igual que muchas otras- nunca se esperó encontrar, lo observaba con ternura y tranquilidad. Se sentía feliz de que él la acompañara en ese momento, al igual como lo venía haciendo hace tres días, desde aquella tarde de lunes en que la llevó a su casa. Aquella tarde ella se había sentido desesperada y triste, lo que era perfectamente atribuible a lo que había sucedido. Pero no sola. Nunca pudo sentirse sola porque nunca estuvo sola. Él la acompañó en todo momento porque sabía que para ella no resultaba nada fácil, corrió tras una camioneta solo para intentar solucionar el problema, habló por ella cuando el nerviosismo no la dejaba articular palabra alguna, caminó con ella intentando tranquilizarla y la llevó hasta su casa, donde poco a poco logró que ella se calmara por completo a pesar de la tristeza y el susto.
Pero ahora ella no estaba asustada... ni triste. Por el contrario, estaba feliz de estar junto a él, de haber compartido tanto con él, de haber hecho de cada momento juntos un recuerdo especial, como sin duda lo era aquella tarde en la placita del hospital.
De pronto él le dijo que cerrara los ojos, y ella, expectante, lo hizo. Él tomó sus manos y puso algo entre sus dedos. Ahí estaba: era una pequeña bolsita de terciopelo azul con tres piedras de color cristal, un hermoso regalo que para él encerraba todo el simbolismo que buscaba transmitir a la chica. Ella observó que en su mano, él tenía tres piedrecitas exactamente iguales a las suyas, y entonces se preguntó qué quería decirle él a través de ese particular regalo. Mirándola siempre a los ojos, el chico le dijo que cada piedrecita representaba un mes de todo lo que habían vivido hasta entonces. Y que como eran iguales las piedras que cada uno tenía, eso significaba que iban a estar por siempre juntos, viviendo cada vez más momentos como todos aquellos que habían vivido en esos tres hermosos meses. Y sorprendida por el detalle, pero a la vez feliz, ella lo abrazó tiernamente.Y desde entonces que las tres piedrecitas que ahora cada uno guarda en sus mochilas son especiales, tienen el aroma de aquella tarde en la placita, y la textura de mil momentos de playa. Son especiales porque nunca las dejan, las llevan siempre y siempre las tienen en sus manos, solo porque les recuerdan lo mucho que se aman, y la promesa tácita y cómplice de amor eterno que hicieron al mirarse a los ojos aquella vez.
Tiempo después, aquella misma niña de la plaza se sentía inquieta, su corazón estaba inquieto porque sabía que algo no andaba bien. Él estaba triste y a kilómetros de distancia, ella podía sentirlo, como una clavada en su corazón. Y toda la noche tuvo en su mano las piedrecitas, en su mente aquel joven a quien tanto amaba, y en su corazón albergó con más calor aún ese sentimiento que crecía con el tiempo y se volvía cada vez más fuerte. Pensaba en él, miraba sus fotos y las piedrecitas en su mano siempre... aunque hubiese dado todo por verlo y abrazarlo en ese minuto, y pese a que él le había dicho que no, ella seguía empecinada en verlo al día siguiente.
Hasta que lo vio. Su mirada estaba perdida y aunque parecía concentrado, por sus ojos supo que su mente estaba en otra parte. Pero la sintió llegar. Ella se sintió un poco cohibida a su lado por unos segundos, pero en seguida se tranquilizó. Después que caminaron un rato conversando, logró desentrañar lo que tanto le preocupaba: la razón por la que él había sonado tan triste por teléfono la noche anterior. Y aunque entendía perfectamente la razón de su molestia, ella creía que su forma de actuar no era la correcta, por lo que intentó disuadirlo con todas sus fuerzas. Pero él estaba impertérrito, con la mirada perdida pero tan fija como la decisión que había tomado. Siempre había sido así, imperturbable en sus decisiones, aún arriesgándose a cometer errores, y aunque entendía perfectamente la posición de la chica que le suplicaba que recapacitara, él sabía que no podía seguir tolerando aquella situación. Parecía tan tranquilo, y eso era lo que más a ella le impedía tranquilizarse, porque temía que él se expusiera a peligros innecesarios, porque no quería que ocurriera nada con él... porque sabía que no resistiría perderlo. Jamás. Ambos lo sabían. Y fue entonces cuando, sintiendo las tres piedrecitas en su bolsillo, se echó a los brazos del chico desesperadamente, y rompió a llorar como quizás nunca antes lo había hecho. Y fue allí cuando lo supo: amor eterno, ya no les cabía ninguna duda a ambos.
Al fin él hizo algo que la tranquilizó y logró arrancarle algunas sonrisas. Decidió volver a su casa. Se despidieron prometiendo verse al día siguiente, y entonces ella, mientras él bajaba al andén del tren, respiró profundo y al fin con su corazón en paz. El chico al cual amaba, y que también la amaba con todo su corazón, estaba bien, y estaría con ella para siempre en carne y hueso, y con toda su alma. Al fin, mientras subía las escaleras, respiró y sonrió ya mucho más tranquila. Y en su bolsillo volvió a sentir las tres piedrecitas, y se marchó sonriendo.
...y mientras escribía su historia, no dejó de mirar y acariciar aquellas tres piedrecitas...
miércoles, 7 de enero de 2009
Artista
Me he vuelto una artista. Barata, pero artista al fin y al cabo. Con ganas de escribir, dibujar, pintar y probablemente retomar la poesía -que casi siempre está presente en mis escritos. O bueno, al menos la retórica-. Pero también me he vuelto más filósofa, y pienso, ¿es necesario preguntarnos qué es el arte? Sé que muchos han escrito sobre esto y, por lo mismo, no pretendo agotar el tema, sino solo esbozar algunas pequeñas líneas sobre lo que hoy me ocupa... porque creo que todas las personas podemos hacer arte. Porque no se requiere un talento para expresar un bello sentimiento. Y porque estoy segura de que todos los corazones humanos pueden albergar sentimientos dignos de ser convertidos en obras de arte.
Encontré una frase de Emilio Castelar que encontré notable: "Lo ideal, sentido con profundidad y expresado con belleza: he ahí el arte. Pero quizás esté equivocada y no todos los sentimientos puedan convertirse en arte, sino solo aquellos ideales que se sienten con profundidad y se expresan con belleza. Quizás solo ahí pueda existir arte.
Y todas estas líneas de reflexión para decir que me siento una artista. Tan solo porque gracias a ti puedo sentir y vivir los sentimientos más hermosos y más profundos. Y porque gracias a ti puedo expresar esos sentimientos de la forma más bella que existe. Tengo mi inspiración. He encontrado mi inspiración. Y ahora que lo pienso bien, por qué tendría que ser barata, si la calidad de la obra de arte está dada solo por el sentimiento que se encierra en ella! Valoro mucho la técnica, señoras y señores, creo que es fantástica si no se deja morir un sentimiento atrapado tras sus rejas. Porque para mí, al menos, vestir mis sentimientos de alguna forma métrica es impensable. Prefiero ser más feliz así: haciendo arte con mis propios sentimientos expresados en toda su plenitud. A fin de cuentas, soy una artista "a mi manera". Y para ti soy una artista.

Porque ahora puedo entender lo que es el arte de amar: hacer de tu vida y de la vida de quien amas la forma más profunda de vivir la belleza.
Gracias por entregarme tanto.
domingo, 4 de enero de 2009
Einstein
"Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad."
Albert Einstein
sábado, 3 de enero de 2009
Septiembre 15
Sofía estaba tranquila, mirando el mar y sintiendo el aire de la playa a su alrededor. Aquel día había parecido eterno después de una larga y estresante semana. Ella sentía la arena bajo sus pies, la brisa de septiembre en su cara y el tibio sol de una tarde de incipiente primavera. Estaba allí, descansando, mirando al horizonte, jugueteando con la arena esperando a que él dejara de jugar en el agua. Había algo que perturbaba su mente, como una pequeña abejita revoloteando en su corazón, algo que la inquietaba, que la hacía sentirse inexplicablemente feliz.
Habían sido amigos desde hacía casi un año. Los mejores amigos, que se acompañaban siempre y se contaban todo. Por eso, a Sofía le habían extrañado algunas reacciones en él, que parecían perturbarlo desde hacía algún tiempo. Quería saber qué estaba ocurriendo, a pesar de que él ya se lo había dicho, por eso decidió que aquel día sería perfecto para hablar. Después de sus clases llevó a su amigo a caminar, y fueron hablando de música y de política. Y todo parecía ser igual que siempre, parecían ser los mismos mejores amigos que hacía una semana o dos se habían divertido como nadie jugando a reventar globos.
Pero de pronto todo parecía distinto. Ignacio comenzó a caminar desde el mar hacia donde estaba ella. Se sentó a su lado, la miró a los ojos, con la sinceridad que probablemente nunca había mirado antes a alguien, y sonrió. Y entonces él se lo dijo: le gustaba. Sofía sonrió con él, pensando en que todo aquello que una semana antes habían conversado era mucho más real de lo que ella imaginaba, y mucho más fuerte y verdadero. Ignacio estaba tranquilo, ella buscó nuevamente sus ojos, en los cuales había un brillo especial, que ella desconocía por completo. Ella no encontraba las palabras, dejó que su amigo hablara y mientras lo escuchaba sólo cruzó por su mente un vago recuerdo de todo lo que habían vivido siendo los mejores amigos, y fue entonces que se dio cuenta de cuánto lo quería, de cuán importante era aquel muchacho para ella, de lo profundo que había marcado su corazón. Siempre había sentido un afecto especial hacia él, y eso lo sabía perfectamente; siempre había confiado en él ciegamente a pesar de que muchos le decían que tuviera cuidado; siempre había estado con él sin saber por qué. Y ahora tenía la respuesta: aquel chico que estaba frente a ella la miraba fijamente, con una ternura imperturbable que la estremeció por un momento. La chica sabía que por el momento no podría darse nada más entre ambos, y sin embargo esa serenidad que transmitía Ignacio en su mirada la intrigaba. ¿Será que ella también sentía algo por él? Aún no encontraba respuesta, sólo lo miraba infinitamente a los ojos.
Un momento después, ambos recostados ligeramente en la arena se miraban fijamente. Sofía parecía inquieta, esta vez era ella quien parecía perturbada por algo. Y en un momento sólo reaccionó para decirle "abrázame". Sin pensarlo, él se acercó y la abrazó con todas sus fuerzas, buscando tranquilizar a su amiga, porque ya sabía que aquella niña era la persona que su corazón quería. Y estuvieron así largo rato, abrazados, solo mirándose a los ojos y sin ganas de nada más por miedo a romper lo sublime de aquel momento magnífico. Jugueteaban con la arena, reían y conversaban con la misma tranquilidad de siempre, porque él estaba con ella para calmarla, porque sabían que se tenían el uno al otro para siempre, y con ese abrazo lo habían reafirmado. Pero siempre mirándose a los ojos, transmitiéndose toda la confianza y conociéndose más de lo que habían logrado conocerse en un año completo.
Pronto sus rostros comenzaron a acercarse muy lentamente, de una forma casi imperceptible. Sofía lo miraba fijamente siempre, e Ignacio intentaba tranquilizarla afirmando sus manos, en un gesto inequívoco de cariño y amistad. No sabían cuánto tiempo habían estado así, ni les interesaba; tampoco cuántas personas habían pasado a su alrededor. Sólo sabían que ese momento y lugar serían especiales para ellos, porque allí, en esa playa y aquella tarde había florecido un sentimiento muy especial entre ambos, un sentimiento desconocido, que los intrigaba y que sabían que los mantendría unidos mucho tiempo. Ignacio acariciaba su rostro lentamente, y Sofía cerró los ojos. Ambos se emocionaron y de los labios de la chica escapó un "te quiero", que sonó en sus oídos como la melodía más dulce y más tierna que se hubiera escuchado en siglos. Ignacio estaba conmovido y su rostro, esta vez ya muy cerca del cuerpo de la niña, tocó la piel de su rostro. De los ojos de su amiga brotaban lágrimas y él, para calmarla, le dio el regalo más lindo de todos, la primera de muchas sorpresas que los acompañarían de ahí en adelante: cerrando los ojos, dejó que sus labios tocaran los de Sofía con una suavidad infinita, y entonces, abrazándola aún con más fuerza, le prometió no dejarla sola nunca, tal como nunca la había dejado sola hasta entonces. Y se lo prometió mirándola fijamente a los ojos, abrazados frente al mar, en aquel lugar en que ese sentimiento más bello había nacido minutos antes. Y así estuvieron quién sabe cuánto rato más. Y así eran felices, ella mirándolo a los ojos y él acariciando su mano y su rostro que, esta vez y a pesar de la confusión que se había creado en su corazón, sonreía feliz.
Habían sido amigos desde hacía casi un año. Los mejores amigos, que se acompañaban siempre y se contaban todo. Por eso, a Sofía le habían extrañado algunas reacciones en él, que parecían perturbarlo desde hacía algún tiempo. Quería saber qué estaba ocurriendo, a pesar de que él ya se lo había dicho, por eso decidió que aquel día sería perfecto para hablar. Después de sus clases llevó a su amigo a caminar, y fueron hablando de música y de política. Y todo parecía ser igual que siempre, parecían ser los mismos mejores amigos que hacía una semana o dos se habían divertido como nadie jugando a reventar globos.
Pero de pronto todo parecía distinto. Ignacio comenzó a caminar desde el mar hacia donde estaba ella. Se sentó a su lado, la miró a los ojos, con la sinceridad que probablemente nunca había mirado antes a alguien, y sonrió. Y entonces él se lo dijo: le gustaba. Sofía sonrió con él, pensando en que todo aquello que una semana antes habían conversado era mucho más real de lo que ella imaginaba, y mucho más fuerte y verdadero. Ignacio estaba tranquilo, ella buscó nuevamente sus ojos, en los cuales había un brillo especial, que ella desconocía por completo. Ella no encontraba las palabras, dejó que su amigo hablara y mientras lo escuchaba sólo cruzó por su mente un vago recuerdo de todo lo que habían vivido siendo los mejores amigos, y fue entonces que se dio cuenta de cuánto lo quería, de cuán importante era aquel muchacho para ella, de lo profundo que había marcado su corazón. Siempre había sentido un afecto especial hacia él, y eso lo sabía perfectamente; siempre había confiado en él ciegamente a pesar de que muchos le decían que tuviera cuidado; siempre había estado con él sin saber por qué. Y ahora tenía la respuesta: aquel chico que estaba frente a ella la miraba fijamente, con una ternura imperturbable que la estremeció por un momento. La chica sabía que por el momento no podría darse nada más entre ambos, y sin embargo esa serenidad que transmitía Ignacio en su mirada la intrigaba. ¿Será que ella también sentía algo por él? Aún no encontraba respuesta, sólo lo miraba infinitamente a los ojos.
Un momento después, ambos recostados ligeramente en la arena se miraban fijamente. Sofía parecía inquieta, esta vez era ella quien parecía perturbada por algo. Y en un momento sólo reaccionó para decirle "abrázame". Sin pensarlo, él se acercó y la abrazó con todas sus fuerzas, buscando tranquilizar a su amiga, porque ya sabía que aquella niña era la persona que su corazón quería. Y estuvieron así largo rato, abrazados, solo mirándose a los ojos y sin ganas de nada más por miedo a romper lo sublime de aquel momento magnífico. Jugueteaban con la arena, reían y conversaban con la misma tranquilidad de siempre, porque él estaba con ella para calmarla, porque sabían que se tenían el uno al otro para siempre, y con ese abrazo lo habían reafirmado. Pero siempre mirándose a los ojos, transmitiéndose toda la confianza y conociéndose más de lo que habían logrado conocerse en un año completo.
Pronto sus rostros comenzaron a acercarse muy lentamente, de una forma casi imperceptible. Sofía lo miraba fijamente siempre, e Ignacio intentaba tranquilizarla afirmando sus manos, en un gesto inequívoco de cariño y amistad. No sabían cuánto tiempo habían estado así, ni les interesaba; tampoco cuántas personas habían pasado a su alrededor. Sólo sabían que ese momento y lugar serían especiales para ellos, porque allí, en esa playa y aquella tarde había florecido un sentimiento muy especial entre ambos, un sentimiento desconocido, que los intrigaba y que sabían que los mantendría unidos mucho tiempo. Ignacio acariciaba su rostro lentamente, y Sofía cerró los ojos. Ambos se emocionaron y de los labios de la chica escapó un "te quiero", que sonó en sus oídos como la melodía más dulce y más tierna que se hubiera escuchado en siglos. Ignacio estaba conmovido y su rostro, esta vez ya muy cerca del cuerpo de la niña, tocó la piel de su rostro. De los ojos de su amiga brotaban lágrimas y él, para calmarla, le dio el regalo más lindo de todos, la primera de muchas sorpresas que los acompañarían de ahí en adelante: cerrando los ojos, dejó que sus labios tocaran los de Sofía con una suavidad infinita, y entonces, abrazándola aún con más fuerza, le prometió no dejarla sola nunca, tal como nunca la había dejado sola hasta entonces. Y se lo prometió mirándola fijamente a los ojos, abrazados frente al mar, en aquel lugar en que ese sentimiento más bello había nacido minutos antes. Y así estuvieron quién sabe cuánto rato más. Y así eran felices, ella mirándolo a los ojos y él acariciando su mano y su rostro que, esta vez y a pesar de la confusión que se había creado en su corazón, sonreía feliz.
domingo, 10 de agosto de 2008
Amistad
Es aquello que tanto ha costado definir. Si se lo preguntas a muchas personas, estoy segura que al menos el cuarenta por ciento de ellos (por no decir la mitad) te dirán que no existe, que es falsa, que es imposible, que es una ilusión o demás ideas que nieguen su existencia. Y otras tantas te dirán que es pensar igual, pasar un buen rato, hacer las cosas que le gusten, compañía... etc. Pero realmente ¿qué es la amistad? Reconozco que es algo de difícil hallazgo, y de fácil confusión además. Que por mucho que se piense "tener un amigo", muchos de éstos se convierten en simples "compañeros" de vida cuando se examinan criterios más profundos. Y es que un amigo de verdad es mucho más que alguien con quien estudias, con quien sales, con quien carreteas, con quien pasas un buen rato. Realmente la amistad es ese "afecto desinteresado" que pocas personas, y por muy pocas personas, pueden sentir... lo que después de todo es algo completamente natural si pensamos lo que cuesta querer a alguien, y aquí no hablo del simple "te quiero" que puede decirse para dejar a la otra persona tranquila y para que no se sienta sola. Hablo de hechos, de actos que realmente demuestran ese afecto desinteresado que puede llegar a sentirse. De ese afecto que va mucho más allá de la risa compartida en momentos felices, que logra estar en los momentos tristes, ¡y hacerte reír hasta en esos momentos! Es ése el afecto que puedes llegar a sentir por un amigo, y con esto por favor no me digan que es fácil querer a las personas.
Y por lo mismo es que valoro tanto la amistad. Porque hubo mucho tiempo en que creí estar rodeada de amigos y el tiempo, que al pareceres el más sabio de los maestros, se encargó de demostrarme lo contrario. ¡Y no hay peor soledad que la que se siente cuando te das cuenta de que quien creías tu "amigo" prácticamente desaparece de tu vida, te arranca de la suya como quien se arranca un cabello! Después de todo, tiene muchos, muchos a quienes decir "amigo", y que quizás con eso se salvaría de la soledad. Y entonces tu vida se queda prácticamente vacía, y es más fácil que ene se espacio entre otro "amigo", y suceda lo mismo, crees que esta vez la amistad es verdadera y de pronto simplemente se rompe... y así, una vez tras otra, con miles de "amigos" que en el fondo solo hacen daño... aunque ellos no quieran hacerlo...
Quizás sea esa la razón por la que ya no se cree en la amistad. Pero ¿no se dan cuenta del daño que se hacen las mismas personas al no creer en la amistad?
Por lo que a mí respecta, sé que tengo buenos amigos. MUY buenos amigos... Gracias por serlo. Gracias por estar.
Y por lo mismo es que valoro tanto la amistad. Porque hubo mucho tiempo en que creí estar rodeada de amigos y el tiempo, que al pareceres el más sabio de los maestros, se encargó de demostrarme lo contrario. ¡Y no hay peor soledad que la que se siente cuando te das cuenta de que quien creías tu "amigo" prácticamente desaparece de tu vida, te arranca de la suya como quien se arranca un cabello! Después de todo, tiene muchos, muchos a quienes decir "amigo", y que quizás con eso se salvaría de la soledad. Y entonces tu vida se queda prácticamente vacía, y es más fácil que ene se espacio entre otro "amigo", y suceda lo mismo, crees que esta vez la amistad es verdadera y de pronto simplemente se rompe... y así, una vez tras otra, con miles de "amigos" que en el fondo solo hacen daño... aunque ellos no quieran hacerlo...
Quizás sea esa la razón por la que ya no se cree en la amistad. Pero ¿no se dan cuenta del daño que se hacen las mismas personas al no creer en la amistad?
Por lo que a mí respecta, sé que tengo buenos amigos. MUY buenos amigos... Gracias por serlo. Gracias por estar.
lunes, 14 de julio de 2008
Una medio-historia
Recuerdo alguna vez -y quizás hasta con una dulce ironía- que ciegamente pensé en algo que quisiera "ser cuando grande". Y recuerdo que, después de toda una vida escolar dando opciones al aire -y otras, quizás no tan al aire- que me tomó un año decidirme. Un año completo. Y otro tanto para reflexionar esa decisión. Corría entonces el 2005, tercero medio, y una buena estudiante con sed de conocimientos nuevos,de experiencias nuevas y finalmente de realizar aquello que decidiera -que hasta entonces no era definitivo.
Y llegó diciembre, el fin de clases y unas largas vacaciones en que, sin pensar mayormente el tema aquel, logré tomar una decisión. Que por lo demás no fue tan fácil, pero que finalmente pareció convencerme. A mí y sobre todo a quienes me rodeaban, con argumentos que al parecer hice míos y logré que se arraigaran en mi mente. Después de todo, era lo que venía creyendo y queriendo desde sexto básico. Y mi decisión ya estaba tomada, o al menos eso decía yo. Porque después de todo, me dije, derecho no es tan malo. De hecho, no es malo. Empecé a ver en una carrera un vida, un futuro que parecía prometedor, lleno de sueños, esperanzas y metas cumplidas, en donde podría realizarme y sentir que sería quien yo siempre había querido ser.
Y en marzo las clases comenzaron. 2007, un año excelente, en el cual hice buenos amigos y, en general, conocí gente espectacular. Me habían dicho que primero era una burbuja, y ya estaba cansada de vivir tanto tiempo en burbujas! Decidí esperar. Después de todo, con un año detrás en el cual me había ido bien, todo parecería más fácil.
2008: segundo año. Bien! me dijeron todos cuando lo supieron... Estás en segundo, qué emoción! "estás en 'tierra derecha'" "Ahora sí que puedes decir que estudias derecho"... Guau! me dije a mí misma: como cambian las cosas. Al principio todo parecía ir igual de bien, como en primero. Pero ya no estaba en primero. Ya no era la mechona que podía tener mil y una dudas sobre su carrera (y paradójicamente nunca las tuve en primero), ya no era lo mismo, los ramos, las materias eran diferentes porque a fin de cuentas "estaba estudiando derecho". Mitad de año y ya me siento extraña, confusa... indecisa como nunca antes. No sé -después de todo- cuándo se hace lo correcto en la vida y cuando se finge algo que solo existe en la mente de una persona.
Y me pregunto: ¿estudiar derecho será realmente lo que quiero 'ser cuando grande'?
(Paréntesis: mañana tengo la primera prueba de derecho procesal, la razón por la cual todo esto vino a mi cabeza)
Y llegó diciembre, el fin de clases y unas largas vacaciones en que, sin pensar mayormente el tema aquel, logré tomar una decisión. Que por lo demás no fue tan fácil, pero que finalmente pareció convencerme. A mí y sobre todo a quienes me rodeaban, con argumentos que al parecer hice míos y logré que se arraigaran en mi mente. Después de todo, era lo que venía creyendo y queriendo desde sexto básico. Y mi decisión ya estaba tomada, o al menos eso decía yo. Porque después de todo, me dije, derecho no es tan malo. De hecho, no es malo. Empecé a ver en una carrera un vida, un futuro que parecía prometedor, lleno de sueños, esperanzas y metas cumplidas, en donde podría realizarme y sentir que sería quien yo siempre había querido ser.
Y en marzo las clases comenzaron. 2007, un año excelente, en el cual hice buenos amigos y, en general, conocí gente espectacular. Me habían dicho que primero era una burbuja, y ya estaba cansada de vivir tanto tiempo en burbujas! Decidí esperar. Después de todo, con un año detrás en el cual me había ido bien, todo parecería más fácil.
2008: segundo año. Bien! me dijeron todos cuando lo supieron... Estás en segundo, qué emoción! "estás en 'tierra derecha'" "Ahora sí que puedes decir que estudias derecho"... Guau! me dije a mí misma: como cambian las cosas. Al principio todo parecía ir igual de bien, como en primero. Pero ya no estaba en primero. Ya no era la mechona que podía tener mil y una dudas sobre su carrera (y paradójicamente nunca las tuve en primero), ya no era lo mismo, los ramos, las materias eran diferentes porque a fin de cuentas "estaba estudiando derecho". Mitad de año y ya me siento extraña, confusa... indecisa como nunca antes. No sé -después de todo- cuándo se hace lo correcto en la vida y cuando se finge algo que solo existe en la mente de una persona.
Y me pregunto: ¿estudiar derecho será realmente lo que quiero 'ser cuando grande'?
(Paréntesis: mañana tengo la primera prueba de derecho procesal, la razón por la cual todo esto vino a mi cabeza)
miércoles, 25 de junio de 2008
Palabras
Quería escribir. Y aun quiero. No lo hacía desde hace tiempo. Quise escribir para reconciliarme con las palabras, que al fin y al cabo son mi sustento. Y lo han sido y lo serán por mucho tiempo... probablemente toda mi vida...
palabras que hieren
palabras de consuelo
palabras de amigos
palabras de odio
palabras de amor
palabras de poesía
palabras de angustia
palabras de aliento
palabras de apoyo
palabras de promesa
palabras de cumplido
palabras de alabanza
palabras de fuego
palabras que matan
palabras que curan
palabras de reproche
palabras sin sentido
palabras vacías
palabras con sabor
palabras negras
palabras con significado
palabras simbólicas
palabras que enseñan
palabras míticas
palabras místicas
palabras tristes
palabras dulces
palabras que engañan
palabras de castigo
palabras amargas
palabras de agua
palabras en el tiempo
palabras imaginarias
palabras sucias
palabras feas
palabras amalgama
palabras analgésicas
y anestésicas
malas palabras
palabras de honor
palabras de verdad
palabras de duelo
palabras necias
palabras de reto
últimas palabras
palabras de sueños
palabras de ensueño
palabras célebres
primeras palabras
palabras al viento
palabras al aire
palabras al amor
palabras en una botella
palabras de caballeros
palabras que hacen pensar
palabras tranquilas
palabras suaves
palabras gratis
palabras baratas
palabras hostiles
palabras sinceras
palabras dobles
palabras volátiles
palabras simples
palabras fáciles
palabras cercanas
palabras a distancia
palabras muertas
palabras de muerte
palabras de humor
palabras de vida
palabras que son solo palabras
palabras que no lo son
palabras insignificantes
palabras claves
palabras importantes
palabras amarillas
palabras del alma
palabras de la música
palabras sabias
palabras tontas
palabras de hielo
palabras de miedo
palabras de mamá
palabras políticas
palabras de niños
palabras de juego
palabras que expresan
palabras planas
palabras duras
palabras maduras
palabras ácidas
palabras que nunca quisiera escuchar
palabras de perdón
palabras efímeras
palabras profundas
palabras que vienen y se van
palabras que se desvanecen
palabras eternas
palabras... que a veces solo son palabras
palabras que quedan para siempre
¿porque sino, cómo sería de otra forma?
palabras que hieren
palabras de consuelo
palabras de amigos
palabras de odio
palabras de amor
palabras de poesía
palabras de angustia
palabras de aliento
palabras de apoyo
palabras de promesa
palabras de cumplido
palabras de alabanza
palabras de fuego
palabras que matan
palabras que curan
palabras de reproche
palabras sin sentido
palabras vacías
palabras con sabor
palabras negras
palabras con significado
palabras simbólicas
palabras que enseñan
palabras míticas
palabras místicas
palabras tristes
palabras dulces
palabras que engañan
palabras de castigo
palabras amargas
palabras de agua
palabras en el tiempo
palabras imaginarias
palabras sucias
palabras feas
palabras amalgama
palabras analgésicas
y anestésicas
malas palabras
palabras de honor
palabras de verdad
palabras de duelo
palabras necias
palabras de reto
últimas palabras
palabras de sueños
palabras de ensueño
palabras célebres
primeras palabras
palabras al viento
palabras al aire
palabras al amor
palabras en una botella
palabras de caballeros
palabras que hacen pensar
palabras tranquilas
palabras suaves
palabras gratis
palabras baratas
palabras hostiles
palabras sinceras
palabras dobles
palabras volátiles
palabras simples
palabras fáciles
palabras cercanas
palabras a distancia
palabras muertas
palabras de muerte
palabras de humor
palabras de vida
palabras que son solo palabras
palabras que no lo son
palabras insignificantes
palabras claves
palabras importantes
palabras amarillas
palabras del alma
palabras de la música
palabras sabias
palabras tontas
palabras de hielo
palabras de miedo
palabras de mamá
palabras políticas
palabras de niños
palabras de juego
palabras que expresan
palabras planas
palabras duras
palabras maduras
palabras ácidas
palabras que nunca quisiera escuchar
palabras de perdón
palabras efímeras
palabras profundas
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palabras que se desvanecen
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palabras... que a veces solo son palabras
palabras que quedan para siempre
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