Recuerdo alguna vez -y quizás hasta con una dulce ironía- que ciegamente pensé en algo que quisiera "ser cuando grande". Y recuerdo que, después de toda una vida escolar dando opciones al aire -y otras, quizás no tan al aire- que me tomó un año decidirme. Un año completo. Y otro tanto para reflexionar esa decisión. Corría entonces el 2005, tercero medio, y una buena estudiante con sed de conocimientos nuevos,de experiencias nuevas y finalmente de realizar aquello que decidiera -que hasta entonces no era definitivo.
Y llegó diciembre, el fin de clases y unas largas vacaciones en que, sin pensar mayormente el tema aquel, logré tomar una decisión. Que por lo demás no fue tan fácil, pero que finalmente pareció convencerme. A mí y sobre todo a quienes me rodeaban, con argumentos que al parecer hice míos y logré que se arraigaran en mi mente. Después de todo, era lo que venía creyendo y queriendo desde sexto básico. Y mi decisión ya estaba tomada, o al menos eso decía yo. Porque después de todo, me dije, derecho no es tan malo. De hecho, no es malo. Empecé a ver en una carrera un vida, un futuro que parecía prometedor, lleno de sueños, esperanzas y metas cumplidas, en donde podría realizarme y sentir que sería quien yo siempre había querido ser.
Y en marzo las clases comenzaron. 2007, un año excelente, en el cual hice buenos amigos y, en general, conocí gente espectacular. Me habían dicho que primero era una burbuja, y ya estaba cansada de vivir tanto tiempo en burbujas! Decidí esperar. Después de todo, con un año detrás en el cual me había ido bien, todo parecería más fácil.
2008: segundo año. Bien! me dijeron todos cuando lo supieron... Estás en segundo, qué emoción! "estás en 'tierra derecha'" "Ahora sí que puedes decir que estudias derecho"... Guau! me dije a mí misma: como cambian las cosas. Al principio todo parecía ir igual de bien, como en primero. Pero ya no estaba en primero. Ya no era la mechona que podía tener mil y una dudas sobre su carrera (y paradójicamente nunca las tuve en primero), ya no era lo mismo, los ramos, las materias eran diferentes porque a fin de cuentas "estaba estudiando derecho". Mitad de año y ya me siento extraña, confusa... indecisa como nunca antes. No sé -después de todo- cuándo se hace lo correcto en la vida y cuando se finge algo que solo existe en la mente de una persona.
Y me pregunto: ¿estudiar derecho será realmente lo que quiero 'ser cuando grande'?
(Paréntesis: mañana tengo la primera prueba de derecho procesal, la razón por la cual todo esto vino a mi cabeza)
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