martes, 10 de febrero de 2009

Desde la ventana

Desde aquel último rincón de su pequeña casa, contempla la luna a través de la ventana. Su rostro, que durante el día es tierno y parece irradiar alegría a quienes comparten a diario con ella, a estas horas se vuelve sombrío y su mirada perdida en el inquebrantable horizonte vestido de negro. No emite palabra alguna, porque no hay nadie que pueda escuchar su voz, porque no hay a quien comunicar lo que siente o piensa en estos precisos instantes. O más bien, no hay nadie que pueda escuchar esos pensamientos. Ha derramado lágrimas, ha sonreido y cada noche, mientras el silencio poco a poco se apodera del paisaje, ella aguarda en la ventana mirando, observando, de nuevo absorta en sus propias ideas, tal vez solo pensando o quizás esperando algo o a alguien que de pronto suceda, y venga a romper su ensimismamiento eterno.


Pero no sucede, y todos los días hasta altas horas de la noche está, impertérrita, contemplando ansiosamente el cielo negro y su blanca luna en el mismo lugar que siempre, escuchando el mismo inquebrantable silencio desde la ventana. Probablemente cuando acabe de escribir estas líneas, la luna aún verá su rostro a través de esa pequeña ventana.



No hay comentarios: