A veces siento que me relaja tanto el mar. Mirarlo y sentirlo; es una de las cosas a las que estoy más acostumbrada y que, sin embargo, más me gustan en la vida... Siempre lo he hecho y siempre ha sido así, desde niña. Caminar por la arena descalza, sentir las gotitas en la cara, o simplemente mirarlo desde una ventana. De cualquier forma. Con la frialdad del invierno en un muelle, lleno de luces en año nuevo, sola o acompañada, siempre volveré allí. Y aunque no siempre lo haga ni sea tan habitual, cuando quiero trato de ir y estar lo más cerca que puedo... porque el mar es único y me gusta por eso... inalcanzable e inabarcable completamente...
A veces lo pienso ¿podría vivir sin el mar? y es entonces cuando me doy cuenta que soy porteña y eso no cambiará... y no quiero que cambie...
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