En estos días todo parece darse vueltas. En mi cabeza, en mi vida, en la vida, en el mundo. Siento que por primera vez el mundo gira y mis pensamientos giran en el mismo sentido. O por lo menos eso aparentan. No entiendo mucho de física más que la velocidad de escape, pero creo que al menos encontraron la misma dirección. Aunque no dejo de pensar que van en sentido contrario.
Alguna que otra vez hablé de lo raro que puede resultar ser el tiempo. Al menos a mí me parece eso, muchos tal vez no lo perciben justamente porque no se han dado el tiempo de pensar el ello. "Pensar en el tiempo". Quizás sea lo más raro que hayan escuchado o leído en alguna parte -y es lógico, por lo demás, viniendo de alguien como yo- pero creo que dentro de todo lo raro, tiene sentido. Algo de sentido deberá tener, espero, por algo más que mi bienestar psicológico. "Darse el tiempo de pensar en el tiempo", epíteto raro eso... y el tiempo, el mayor problema que existe, porque es silencioso y casi secreto. Porque no todos lo perciben y nadie es capaz de darse cuenta cuán profundas son las huellas que deja, sino hasta que ya las ha dejado.
El tiempo.
Alguna vez oí a alguien decir que el mejor logro del demonio fue lograr que todos pensaran que no existe. El demonio. Algo que parece tan irreal pero que bajo ninguna circunstancia estará exento de dudas, por lo menos en alguna que otra mente. Y mientras, silencioso, depreda los pensamientos y los actos de aquellos que no lo vemos... o que no queremos verlo.
Ahí está nuestro demonio, usualmente un viejo de barbas largas, sentado en una silla con un reloj de arena en la mano. Pasando por todas nuestras vidas sin que nos demos cuenta, y dejando huellas, las más profundas que nadie podrá dejar y que nadie tampoco podrá borrar. Y no lo vemos, hasta que ya pasó. Y entonces decimos: "El tiempo, se nos acabó el tiempo!"
El tiempo: nuestro demonio con piel de ángel.
Es un misterio, realmente....
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