jueves, 21 de febrero de 2008

Just a circle

Atrapada en un espacio, intentando recorrerlo paso a paso, buscando un final, un quiebre, un punto, algo donde aquello termine y señale el comienzo de otro "algo"... desconocido también... fue lo que alguna vez soñó...


Atrapada en un tiempo, intentando escapar de él y sin saber cuánto pasa exactamente, si son días y sus noches, horas, minutos... tal vez meses, años allí, encerrada, atrapada paradójicamente justo en el "cuando", en los momentos que ella misma quiso atrapar un día en una pecera de vidrio redonda, para volver a vivirlos una y otra vez, para que no se escaparan de sus manos, para no tener que sufrir la nostalgia de olvidarlos, ni el esfuerzo enorme de poder recordarlos...

Atrapada en los momentos que parecieron ser de una delgada capa de cristal, pero que ahora parecen estar cubiertos de un manto de hierro transparente, que los hace más frágiles y más fuertes que nunca... atrapada, allí, llorando en donde las lágrimas parecen no caer de sus ojos, en donde nadie parece escucharla, sola, en un mundo en que todos la ven pero nadie es capaz de sentirla verdaderamente porque sola se ha consumido, sola ha dibujado sonrisas en el suelo, ha llorado amores en la ventana, ha cantado mil y una veces al que jamás volvió... ha vivido sola, sumida en su angustia cubierta con mantas de seda, peinando sus largos cabellos que se tiñen de cenizas, gritando por los que se han ido y soportando el silencio de los que algún día volverán... Promesas rotas, miradas vacías, un espejo empañado de tanto verla llorar, el paisaje deprimente de la verdadera y más profunda soledad... y ella allí, sentada en la ventana, buscando las flores que él vio con ella la última vez, cuando aún danzaban en los pasillos de una casa que hoy ya no existe, cuando juntos escuchaban la caja de música del vendedor francés, cuando aún vivían y se podían sentir el uno al otro... ¡¡cuando aún ella se podía sentir!!


Y el cristal se empaña... lentamente, nadie lo nota desde fuera, ella sumida en la ventana parece ignorarlo, ¿qué más da si ella aún lo espera?... y su cabello largo refleja su tristeza, y el gris de sus ojos reclama por la vida que se ha esfumado como gotas de agua...
Ella lo sabe todo, ella ha visto lluvias y soles, nubes y arcoiris, mirando al cielo siempre... ha visto el juego de niños y el canto de aves, el paseo de familias y el andar de miles de autos que a sus ojos parecen escenas de una película futurista y que en realidad no son más que la realidad que ha desaparecido de sus ojos... sabe mucho, aprendió sola muucho más de lo que cualquiera puedo enseñarle... pero no lo sabe aún ¿lo terrible es que no lo sabe! Que él jamás volvió ¿y por qué? es eso lo que ella nunca supo...


Y la caja de música, añorada, deseada y guardada como un recuerdo recóndito de algo que ya no volverá a ser pero cuyas esperanzas aun no desfallecen en el recuerdo de aquéllo que fue tan lindo y que por unos segundos vuelve a llenarla de alegría, aleja el grisáceo tono de sus cabellos y renueva la mirada subliminal, fugaz, joven aún por unos instantes... No sabe cuánto tiempo pasa, tampoco si pasa o no realmente, no se ha movido desde... ya nadie lo recuerda... Nadie, y ella sentada en la ventana, derramando lágrimas por el imposible sueño que se anida en aquélla habitación olvidada, en aquél espacio que hoy no tiene fin ni principio, donde tanto se compartió, donde hubo tantos besos y miradas tiernas, donde se anidó la sensación más agradable que esa mujer de cabellos desgreñados y piel desgastada pudo sentir... Cuando aun era joven, cuando aun era bella y él era feliz con ella, a su lado, sin que nada más importara, cuando las promesas aún eran frutos en crecimiento, aún eran palabras que daban esperanza...


Él tocaba el piano en el salón, desde allí lo escuchaba, a su lado, con una muñeca de cristal en el regazo y la caja de música entre sus dedos... y ella aprendió a tocar... ¿aprendió a tocar por él, de sus propias manos brotó la música que hoy la atrapa en ese rincón olvidado! Esa música... la caja de música que él mismo le regaló poco antes de partir, y que ella guardó como el tesoro más preciado que puede tener una niña pequeña... llena de sonrisas y esperanzas... Y pintó sonrisas en el suelo, y esas sonrisas se desdibujaron en la ventana cristalina... y los cabellos se tiñeron de gris, y la mujer joven vio desfallecer esa vitalidad... y a ratos vio desfallecer también la esperanza, cada noche que tenía que pasar sola, en esa cama que se le hacía cada vez más vacía y más inmensa... hasta que ya no se movía de la silla, junto a la ventana... y olvidó esa habitación, así como todos la olvidaron con ella... sólo era su silla y su ventana, y sus cabellos grises...

y perdió la noción del tiempo... ni noches ni mañanas, la esperanza se iba a ratos de la mano de sus exánimes lagrimas... y veía su caja de música, siempre entre sus dedos... y entonces volvía, con una exigua sonrisa, y sus ojos volvían a brillar y parecía que sí, que todo valió la pena... que él volvía. O que ella simplemente recuperaba ese aire vital que ya se había esfumado de su cara...

Y así día a día...

Nunca tuvo hijos, ni nadie que la recordara... sólo él, ella lo sabía y dondequiera que estuviera siempre pensaría en ella, en la mujer de sonrisa joven, manos blancas y cabellos hermosos, en la que tocó piano con él y ara él y que siempre sostenía esa caja de música, que tanto recuerdo encerró en sus paredes circulares... Pero él nunca más estuvo cerca...


Varias veces creyó verlo venir, y sus ojos volvían a brillar... pero sólo era otro, algún cartero quizás atacado por perros, o un vendedor que amablemente tocaba la puerta. A veces los veía desde su ventana de segundo piso: -Buenos días, busco al caballero que vivía aquí -no está, no vive aquí... aún no ha regresado... y una sonrisa esbozada para cubrir el dolor. -muchas gracias
... y cerraba las cortinas, solo porque se ponía triste... y volvía a abrirlas y a mirar, para ver si lo veía aparecer por la calle, dar vuelta la esquina y llegar a su casa, cantar su acostumbrado "ya llegué!"... y ella saldría a visitarlo con los brazos abiertos...
Pero hoy no. Ya no. Ya no bajaría corriendo por él, porque sabía que no vendría. Y sabía que si lo hacía, él subiría a buscarla... no lo esperaría más... sólo viviría en su recuerdo, en el mismo recuerdo que la consumió ya desde hace varios años atrás...

Y por primera vez voltea. Allí está: la caja de música, circular y semiabierta, ya casi no suena... deja el cepillo, la coge entre sus manos y canta una canción que alguna vez brotó de sus manos en aquel piano olvidado.
Y las notas se extinguen poco a poco... y la habitación se vuelve circular igual que sus ojos profundos, igual que la caja de música que ya no habrá de soltar...


Y el círculo, implacable, que nunca dejará de formarse una y otra vez sobre una plataforma numerada. De la pared cuelga, aquel círculo que una y otra vez le indica que nada está congelado en su mundo de cristal... Ella no lo ve, pero ahí está, pendiendo de la pared, avanzando, implacable, sólo un círculo, y otro, y muchos más... pero sólo se repite un círculo... un dibujo cruelmente perfecto, un inminente verdugo

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